Natasha Estanga Monserraty

¿Cómo definir al arte si siempre está en constante cambio y es tan subjetivo? El arte no es lo que fue, ni siquiera encajan en éste términos como “estético”, “real” u “original”; no se realiza una obra como aquellos hombres del Renacimiento lo hicieron y las técnicas han cambiado tanto que pensar que alguna vez requirieron de huevo y agua para hacer sus pinturas parece difícil de creer.

Pero en la época contemporánea, el análisis del arte es tan complicado que en muchas ocasiones el trabajo de diversos artistas ha sido sometido al escrutinio y críticas de un grupo de opositores que sin tientas ha decidido resquebrajar lo que los artistas hacen y así decir que lo que realizan no es arte, sino provocación, que los que ahora montan una exposición son payasos pero nunca podrían llamarse “artistas”.

“El arte contemporáneo, que está imposibilitado para crear belleza, ha pervertido el logro de la inteligencia y la sensibilidad humana para empatarlo con el kitsch y lo bonito. Lo bonito no es bello, el kitsch es vulgaridad… buscan ser decoración, apegarse a lo más digerido, comercializado y vendible de la estética fácil de la tienda de regalos, del objeto desechable de consumo masivo”, palabras de la crítica de arte Antius Gonzalez.

Yves Michaud, exdirector de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, asegura que en este punto de la historia al arte contemporáneo es un estado gaseoso y volátil que se basa en la experiencia, en las relaciones provocadas, en actitudes y conceptos.
La belleza ha invadido todo, desde los anuncios que circulan en los autobuses hasta las cremas de rejuvenecimiento. Y entonces, ante la penetración en todos los ámbitos, la presencia artística se ve disminuida por su incapacidad de distinción.Entonces, ¿todo puede ser arte? Asegura Régis Debray: “Anything goes? Sí, siempre que sea lo contrario delanything precedente, sin lo cual la información no será válida. La validez se concede sólo a lo insólito […] Se comprende que después del arte ‘académico’, que apelaba al pasado y el arte ‘moderno’ que apela al futuro, el posmoderno aspire a disfrutar de un arte en el presente que sólo apele a sí mismo”.
En realidad, el arte implica algo más que sólo apelar a sí mismo. Se necesita una visión más profunda que ponga en duda el discurso de la pieza y ese salto al discurso, en la mayoría de las ocasiones ya no es tarea del artista, sino del curador.
Los espectadores no deben sobrepensar el arte contemporáneo pero, tal como indica la historiadora de arte Amy E. Herman, el trabajo del curador de arte es pensar también en la distribución de las piezas en un espacio museístico que el asistente sea capaz de recrear, contemplar y emocionarse con ellas. La tarea de quien se encarga de esto es que con su discurso aquél que mira la pieza sea capaz de considerar las posibilidades, cuestionarse y formarse una opinión de lo que ha visto, por lo que, la última persona, clave para la pieza de arte es el espectador.Formarse una opinión crítica, lograr interpretar, dejar de ser parte del público para intervenir en el proceso de creación. Así debe ser la tarea del espectador, quien gracias al curador podrá captar los elementos para su análisis.
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