Hablemos de Arte Contemporaneo

Natasha Estanga

img-articulo-arte-comtemporaneo-yuki-kusomato

A lo largo de la Historia los más grandes movimientos artísticos han sido representados por una nota o un elemento esencial que los hace únicos. La época renacentista, por ejemplo, estuvo marcada por un realismo interpretativo ciertamente característico de la Europa Occidental. Otro es el caso del Surrealismo, el cual tuvo su auge después de la Segunda Guerra Mundial y que tiene como elemento principal la representación del subconsciente, produciendo elementos totalmente contrarios al sentido más sofisticado del ser humano: la razón.

Al mencionar lo anterior surge la pregunta: ¿cuál es el elemento que distingue en la actualidad al Arte Contemporáneo? En un intento de resolver esta incógnita plantearé una serie de preguntas:

¿Qué es el Arte Contemporáneo?

Ante la posible ambigüedad del concepto “arte”,  debemos tener una noción general del término; la palabra proviene del latín “ars” haciendo referencia a la representación del intelecto o la creatividad. El diccionario de la Real Academia Española establece que el arte es: “La manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.”  La valoración de la palabra contemporáneo establecida en la misma fuente nos dice que es: “Lo perteneciente o relativo al tiempo o época que se vive”. Podemos concluir, partiendo de su etimología, que el Arte Contemporáneo es lo plasmado y la interpretación de aquello que corresponde a nuestro tiempo.

¿Qué corresponde a nuestro tiempo?

La respuesta es sencilla: nosotros. Somos nosotros el equivalente al proceso cronológico contemporáneo. Existen pocos elementos que pueden representarnos cabalmente ante nuestra equívoca identidad.

¿Quiénes somos?

La globalización ha generado que las posibilidades de lo que podemos considerar como nuestro sean nulas.  Aquello que nos puede generar cierta sinonimia se ha disuelto entre millones de ideas y arquetipos que nos llevan a una vaga conclusión: nada es de nadie y todo es de todos. Entramos en cuestiones reticentes que nos pueden llevar a un falso concepto o interpretación de nosotros mismos.

Partamos de una premisa: existimos en nuestra inmediatez, no somos ni ellos ni aquellos ni ninguno. Somos lo inconcluso o aquello que siempre se está construyendo. Es precisamente lo inconcluso aquello que determina lo que somos: todo lo que no sea nada. Es decir, absorbemos todas las convenciones, todas las tradiciones. Nunca hay nada que esté vacío de sentido. Eso es también el Arte Contemporáneo.

Después de enunciar los tres cuestionamientos anteriores, y para seguir con la búsqueda del elemento que distingue al Arte Contemporáneo, es importante decir que, en torno a éste, han girado muchos comentarios, desde aquellos que lo glorifican hasta los que simplemente rechazan que exista un fundamento, técnica o visión estética clara: “Yo pude haber hecho eso” es una frase que se escucha frecuentemente en las salas de los museos y exposiciones.

A partir de la afirmación sobre la posibilidad de hacer la pieza que se exhibe es importante reflexionar: ¿por qué no lo hiciste? ¿Tendría el mismo valor cultural si tú lo hubieras hecho? ¿Cuántos o cuáles son los conocimientos necesarios para calificar una obra como arte?

Todos lo podemos ver pero, ¿cuántos lo podemos comprender? Descalificar obras de arte es algo que todos podemos hacer, creemos que es cosa de tacto, gusto o paladar cuando en realidad es cuestión de conocimientos.

¿Acostumbramos a decir que las matemáticas no son matemáticas? “Yo pude haber hecho esa ecuación” también es una afirmación correcta, pero necesitarías conocimientos previos sobre matemáticas para poder realizar satisfactoriamente dicha ecuación.  Son válidas las opiniones sin conocimiento previo, eso es innegable. Lo que es un poco incoherente es que se haga una crítica, pues estaría infundada. Sería ilógico que yo estableciera, sin más, que la teoría de la Evolución Estelar es una farsa, ya que carezco de los conocimientos que puedan fundamentar mi discurso.

Planteo los dos casos (arte y ciencia) porque normalmente nos permitimos creer que el Arte Conceptual carece de importancia, análisis o conocimiento. Los avances artísticos deberían funcionar de la misma manera que los científicos, tener progresos y conocimientos acumulativos que en óptimas circunstancias esperaríamos que arrojaran como resultado un producto cada vez más elaborado, complejo y técnico. Parece que ahora todo se reduce a un simple sentimiento plasmado en objetos que en su mayoría carecen de sofisticación alguna. Una rebelión contra el subjetivismo artístico generó lo que hoy consideramos arte, se estableció la posibilidad de pensar que lo realmente hermoso es lo considerado por todos, no por un grupo o élite específica. Surgió como un reclamo a lo incompresible, a los estudiosos; por otro lado, al parecer, el Arte Contemporáneo proviene de un celoso pensamiento: ¿Por qué no puedo yo hacer o comprender el arte?;  ante la frustración de no poder generar estéticamente lo que otros. Surgió como resultado de la envidia.

En la actualidad, estemos o no de acuerdo, la estética ha pasado a un segundo plano, no importa si tienes una técnica perfecta o si sigues un estilo definido. Importa que la idea y sentimiento trasciendan, que el espectro de lo que puede ser catalogado como arte sea realmente amplio: esto ha originado un espacio en el que caben hasta los farsantes y mediocres. Se dejó de aspirar a la perfección  o siquiera a algo cercano.

Foto: Artista Yayoi Kusama; Instalaciòn Artística en la galeria Tate en Londres
Posted in Artículos y post de Natasha.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *